Recordando...
miércoles, 11 de junio de 2008 miércoles, junio 11, 2008

Por cuestiones que desconozco, antier tuve que cambiarle el disco duro a mi computadora. Parece ser que el respaldo que había construido no contenía todos mis archivos de la preparatoria, mi historial como estudiante del Tec de Monterrey ha sido borrado, al menos en mi computadora. En mi lucha por encontrar algún rastro de mis documentos, encontré el siguiente texto que parece ser escrito poco después del 17 de diciembre de 2007. En esta fecha hicimos un viaje a Monterrey en camión. Y dice así:
Quince horas en 165 palabras
Partimos con un retraso de 45 minutos a las 16:30. Nos ahogábamos en la angustia de estar desquehacerados por más de lo que podríamos soportar. Los límites de la razón se verían probados. Después de 3 horas, ya nadie aguantaba, la espera era insoportable. Una lunática aprovechó la oportunidad de ser escuchada, sacó un micrófono y cantó. Mis oídos sufrían y tuve que soportar un castigo que hasta ahora creo que no merezco. Por fin, lo que parecía imposible sucedía: un grupo de personas tomaban el micrófono, no podría ser peor, pensé, me equivocaba, ahora seguían los chistes malos. Mi mente comenzaba a comportarse de maneras extrañas, comenzaba una disputa ficticia con otro compañero igual de perturbado. Después de gritarle bestia por la enésima vez, otro compañero que trataba dormir me golpeó. Era señal de callarme. Ahora eran las 12 y todos dormían, excepto otro compañero incapaz de dormir y yo, conversamos algún tiempo. De repente, se encendieron las luces, habíamos llegado a las 6:30.
Quince horas en 165 palabras
Partimos con un retraso de 45 minutos a las 16:30. Nos ahogábamos en la angustia de estar desquehacerados por más de lo que podríamos soportar. Los límites de la razón se verían probados. Después de 3 horas, ya nadie aguantaba, la espera era insoportable. Una lunática aprovechó la oportunidad de ser escuchada, sacó un micrófono y cantó. Mis oídos sufrían y tuve que soportar un castigo que hasta ahora creo que no merezco. Por fin, lo que parecía imposible sucedía: un grupo de personas tomaban el micrófono, no podría ser peor, pensé, me equivocaba, ahora seguían los chistes malos. Mi mente comenzaba a comportarse de maneras extrañas, comenzaba una disputa ficticia con otro compañero igual de perturbado. Después de gritarle bestia por la enésima vez, otro compañero que trataba dormir me golpeó. Era señal de callarme. Ahora eran las 12 y todos dormían, excepto otro compañero incapaz de dormir y yo, conversamos algún tiempo. De repente, se encendieron las luces, habíamos llegado a las 6:30.
martes, 3 de junio de 2008 martes, junio 03, 2008
